Mejor, no empezar

índice  BORRACHOPor Elizabeth Martínez Izquierdo

No rebasaba los 30 años. Lo vi de mañana, muy temprano  por las calles habaneras. Sucio el pantalón y la camisa, parecía sin botones.  La higiene personal, ni hablar y  cada breve segundos, llevaba su mano derecha al bolsillo del jeans, sacaba una canacas con líquido claro y bebía, bebía como si fuera agua o tuviese mucha sed.

Al subir al ómnibus, la mayoría de los pasajeros ladearon la cabeza “la juventud está perdida”, casi dijeron  a coro algunas personas.  Él con pasos cortos daba tumbos de aquí,  para allá, por sus poros destilaba el olor a ron y no del bueno. La  barbilla sin rasurar  y la mirada lejos de la realidad.

La ingestión habitual de drogas porteras u otras sustancias, invalidan al ser humano de sus capacidades  físicas y mentales y lo convierte en un enfermo dependiente, en este caso del alcohol.

No se debe sentir desprecio por quien necesita ayuda de la población, de los  familiares  y la especializada  que no puede faltar.

La juventud “divino tesoro” –dice un viejo proverbio-,  necesita de la comprensión, la orientación, de los buenos ejemplos, sin patrones regentes, así como del conocimiento, la percepción de riesgo y la información rápida y oportuna.

Sacar a un joven de las adicciones, es una carta de triunfo y asía ese objetivo encaminan el trabajo los profesionales de la salud en la atención  primaria  y de los centros de salud mental que existen en la capital cubana.

Desviar a un joven del consumo de drogar porteras, es devolver a un ser humano a la vida socialmente útil.

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